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CEUTA ES ESPAÑA

El Ateneo Iberófono Juan Latino manifiesta públicamente su adhesión a la concentración convocada este miércoles 2 de septiembre, a las 20:00 horas, ante la Tenencia de Alcaldía de Puerto de Sagunto, en solidaridad con Ceuta y con los españoles que viven en la ciudad norteafricana.

Nos sumamos al llamamiento impulsado en toda España por la Federación Española de Municipios y Provincias y trasladado a los municipios valencianos por la Federación Valenciana de Municipios y Provincias. Lo hacemos desde una convicción elemental: Ceuta no está sola porque Ceuta es España. Su seguridad, su estabilidad y el bienestar de sus habitantes no constituyen un problema periférico, sino una responsabilidad del conjunto de la nación.

La solidaridad con quienes han perdido la vida y con quienes padecen las consecuencias de la actual crisis humanitaria no puede separarse de la defensa de la legalidad, de las fronteras y de la soberanía nacional. Proteger la dignidad de las personas y proteger a los ciudadanos españoles no son principios enfrentados. Un Estado digno de tal nombre debe ser capaz de hacer ambas cosas.

La españolidad de Ceuta no procede de una decisión reciente ni de uno de los repartos coloniales de los siglos XIX y XX. Se encuentra asentada sobre varios siglos de historia, sobre tratados internacionales y, sobre todo, sobre la voluntad continuada de los propios ceutíes.

La antigua Septem Fratres fue fenicia, cartaginesa y romana; estuvo vinculada al mundo bizantino y visigodo y pasó posteriormente por el dominio de distintas dinastías islámicas. Su posición frente al estrecho de Gibraltar convirtió a la ciudad en un espacio disputado y en un puente entre África, Europa, el Atlántico y el Mediterráneo.

En 1415, Ceuta fue conquistada por el rey Juan I de Portugal. Este periodo portugués no debe ocultarse, pues forma parte sustancial de su historia y explica incluso su actual bandera, heredera de la de Lisboa. Cuando en 1580 las coronas española y portuguesa quedaron reunidas bajo Felipe II, Ceuta se incorporó a aquella Monarquía Hispánica que abarcaba territorios en Europa, América, África y Asia.

El momento decisivo llegó en 1640. Portugal se alzó contra Felipe IV y proclamó una nueva dinastía, pero las autoridades y los habitantes de Ceuta decidieron no seguir la separación portuguesa y conservaron su fidelidad a la Monarquía Hispánica. La ciudad no fue entregada a España mediante una operación colonial posterior: fueron los ceutíes quienes permanecieron junto a España cuando pudieron tomar otro camino.

El Tratado de Lisboa de 1668, que puso fin a la guerra entre España y Portugal, reconoció jurídicamente la permanencia de Ceuta bajo soberanía española. Desde entonces, su pertenencia a España ha sido ininterrumpida. La ciudad resistió, además, el prolongado asedio iniciado por el sultán Muley Ismaíl en 1694 y prolongado, con distintas fases, hasta 1727.

En 1860, el Tratado de Paz y Amistad de Wad-Ras volvió a reconocer expresamente a Ceuta como «plaza española». El sultán de Marruecos acordó ampliar su territorio y cedió a la reina de España, en palabras del propio tratado, el «pleno dominio y soberanía» sobre el perímetro establecido. Todo ello sucedió mucho antes del Protectorado de 1912 y de la independencia del actual Reino de Marruecos en 1956.

La Constitución española de 1978 contempló expresamente el acceso de Ceuta al autogobierno. Finalmente, su Estatuto de Autonomía de 1995 definió la ciudad como «parte integrante de la Nación española y dentro de su indisoluble unidad». Ceuta no es una colonia ni figura entre los territorios pendientes de descolonización de las Naciones Unidas. Es una ciudad española cuyos habitantes poseen los mismos derechos y deberes que los ciudadanos de cualquier otro territorio nacional.

Esta españolidad no pertenece a una raza, una religión o un determinado origen familiar. Ceuta es española con sus comunidades cristiana, musulmana, judía e hindú; con sus iglesias, mezquitas, sinagogas y templos; con sus apellidos europeos, árabes, hebreos o asiáticos. Nadie es menos español por su nombre, por su ascendencia o por la manera en que reza. La nación política española está formada por ciudadanos, no por genealogías.

Precisamente por ello resulta necesario que Ceuta sienta hoy la cercanía efectiva del resto de España. No bastan las declaraciones protocolarias. El Gobierno de la nación debe garantizar la seguridad de la ciudad, reforzar sus servicios públicos, atender la emergencia humanitaria y evitar que la presión migratoria pueda convertirse en un instrumento contra la soberanía española.

En el ámbito municipal, lamentamos que el Gobierno del Ayuntamiento de Sagunto, encabezado por el PSOE, haya decidido apartarse del carácter unitario y simultáneo de la convocatoria trasladada por la FEMP y la FVMP. La organización de un acto diferente, a las 12:00 horas y únicamente ante el consistorio de Sagunto, divide una movilización que debía reunir a todos los vecinos bajo una misma llamada nacional.

Por ese motivo, el Ateneo Iberófono Juan Latino se adhiere a la concentración de las 20:00 horas ante la Tenencia de Alcaldía de Puerto de Sagunto e invita a socios, simpatizantes y vecinos a participar.

Nos reuniremos sin complejos, sin ambigüedades y sin necesidad de pedir permiso para afirmar lo evidente:

Ceuta es española por historia, por derecho y por la voluntad de los ceutíes.

Defender Ceuta es defender España.

Ceuta no está sola.

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